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La Agroindustria rural en Nicaragua y sus oportunidades...

08.22.05 / None

Foto tomada de Internet

¡Aquí van las rosquillas, tamales, almibar, cajetas de coco, de leche, manjar, toronja y coyolito! es una de las tantas retahílas que desde niños hemos escuchando en las calles, parques y buses del transporte colectivo en Nicaragua. Estos productos comercializados por vendedores ambulantes y pequeños establecimientos son generalmente de origen agropecuario producidos por unidades familiares de producción y procesados por micros y medianas empresas. A este proceso de producción, transformación y comercialización de productos agropecuario se le conoce como Agroindustria Rural. En Nicaragua, la agroindustria rural representa un sector de mucha importancia para la economía nacional, ya que es una actividad generadora de empleo en toda la cadena productiva (producción, transformación y comercialización), agrega valor a los productos campesinos y contribuye a la seguridad y la soberanía alimentara y nutricional del campesinado y del país. Sin embargo, hay limitaciones que tienden a disminuir su rentabilidad. Por eso es importante reflexionar si en las actuales condiciones la agroindustria rural nicaragüense será capaz de mantenerse, mejorar y competir con los productos importados que ingresaran masivamente gracias a los tratados de libre comercio que están en proceso de aprobación. Tres especialistas nos comparten su visión para conseguir la competitividad de nuestra agroindustria rural. Diseñar un plan sectorial Para Guadalupe Vargas, docente del Departamento de Tecnología de Alimento de la UNAN León, una condición necesaria para desarrollar la Agroindustria rural y ser competitivo en un contexto de Tratado de Libre Comercio, es fundamental crear un plan sectorial para la agroindustria rural, que debe ser producto de la concertación entre gobiernos locales, agencias de cooperación, ONG nacionales, las universidades, productores, procesadores y comercializadores. “Nuestras rosquillas, quesillos, cajetas, vinos y pinol tienen una enorme potencialidad en el mercado nacional y de exportación. Los nicas y centroamericanos residentes en Estados Unidos están deseando estos productos y por eso siempre estamos mandando a nuestros parientes rosquillas, cuajadas y otros productos. Lo que pasa es que la pobreza no nos deja avanzar y aprovechar mejor nuestros recursos naturales, materiales y humanos. Hemos avanzado en pocos productos como café, caña de azúcar y productos lácteos pero estamos estancados y no hemos mejorado en la inmensa mayoría. Para Vargas, el plan sectorial para el desarrollo de la agroindustria rural debe considerar varios aspectos: Primero, un inventario nacional que permita obtener datos e informaciones sobre productos, tecnología, mercado, mano de obra, conocimiento e identificando alternativas y oportunidades. Segundo un plan de fortalecimiento de las capacidades empresariales de los agentes económicos involucrado en la cadena productiva. Tercero fomentar la institucionalidad y transparencia de las organizaciones de apoyo, del gobierno local y nacional en cuanto al uso de los recursos destinados para el fomento de la agroindustria rural. “De cara al tratado de libre comercio con Estados Unidos, el gobierno debería garantizar el fomento del sector agroindustrial. A estas alturas debería estar impulsando y gestionando las denominaciones de origen de los productos nicaragüenses. El único producto que tienen denominación de origen es el queso chontaleño, pero el quesillo de la Paz Centro, las rosquillas de Somoto están desprotegidas, facilitando que una empresa transnacional se las apropie. Interiorizar una visión empresarial de calidad El Ing. Jaime Picado Director de BIOLATINA certificadora latinoamericana de producto orgánicos, expreso que para desarrollar la agroindustria rural es necesario trabajar en función de la calidad, higiene e inocuidad de los alimentos. Para Picado, la clave del desarrollo y competitividad de la agroindustria rural consiste en aprender a producir y procesar con calidad. Para ello debe existir conocimiento de las normativas obligatorias nicaragüenses y las practicas agrícolas y de manufactura que permiten obtener productos de calidad y vender sin restricciones en el mercado internacional. “la agroindustria en Nicaragua tiene muchas limitaciones. Por ejemplo, los eslabones de la cadena productiva esta desarticulado, no hay coordinación efectiva entre producción, procesamiento y comercialización de productos. Procesamos rosquillas, cuajadas, quesos, pero eso es una parte mínima de la producción y del mercado nacional, no tenemos volúmenes adecuado de producción ni de procesamiento de producto. Algunos productos como café, cacao, azúcar, y ajonjolí tienen cierto nivel de integración pero aun nos falta más; sin avanzar en eso no podemos aprovechar las oportunidades del mercado. Para conseguir esto tenemos que hacer es interiorizar una visión empresarial en función de la calidad, inocuidad e higiene en los procesos de producción y la demanda del mercado”. Un modelo de cooperación y no de competencia El Ing. Jairo Guillén Gerente de NICARAOCOOP, empresa comercializadora de productos orgánicos expresó que para desarrollar la agroindustria rural hay que pasar del modelo de competencia interna a un modelo de cooperación entre sectores y actores involucrados. Según Guillén la cadena de la agroindustria rural en Nicaragua está desarticulada. Tanto a nivel de los productores como de los procesadores quienes a su vez no trabajan en función de las demandas del mercado. La desarticulación provoca una competencia entre actores de una misma cadena. Por la falta de conocimiento e innovaciones las pequeñas industrias están produciendo productos con las mismas características generando es competencia innecesaria por la materia prima y por el mercado. “A este canibalismo contribuimos las organizaciones no gubernamentales y el gobierno. Por ejemplo, algunos proyectos quieren que las familias campesinas produzcan, procesen y comercialicen sus productos creando a nivel de los municipios y departamentos pequeña islas y establecimientos de productos sin valor agregado, sin etiqueta, registro sanitario y envases adecuados. En aras de contribuir limitamos el desarrollo. Lo que necesitamos en Nicaragua es promover la articulación y la cooperación entre productores, trasformadores y comercializadores para especializarlos y que puedan enfrentar juntos el mercado. Creando cadenas o conglomerados especializados de yuca, plátano, café, ajonjolí, frutas y hortalizas se puede pasar del modelo de competencia interna a un modelo de cooperación entre actores que nos permita enfrentar con fortaleza a las empresas transnacionales que van a venir con la firma de los tratados de libre comercio”.


Temáticas:
Desarrollo de empresas rurales,

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