Menu

Noticias

2005-01-06. ¿Por qué se estudia tanto a los pobres?

01.06.05 / None

None

Nunca los ricos han estudiado tanto a los pobres como ahora. Gran parte del dinero que los países ricos nos prestan es para realizar estudios cada vez más caros para estudiar a los pobres. Ahora sabemos donde están los pobres, cuántos son, cuáles son sus características, cuánto pesan, cuál es su talla, qué comen y qué no comen, cuántas son mujeres y cuántos son hombres, cuántos son niños y cuántas son niñas, cuáles son sus principales enfermedades y cuáles son causas de muerte, cuál es el pensamiento de los pobres, qué necesitan los pobres, cuántos pobres tiene cada país, cómo afectan los fenómenos naturales a los pobres, cuántas vitaminas les faltan a los pobres, etc. Se hacen concursos de fotografía y los gana quien mejor capta el drama de la pobreza: un niño hambriento, unos buitres comiéndose a una niña que todavía no había muerto, un río contaminado matando a los campesinos del lugar, etc... El país más pobre, más desnutrido, más analfabeta, más enfermo, obtiene estímulos y hasta premios por parte de organismos de beneficencia. Se estudia todo, menos el origen de la pobreza. Y cuando se habla del origen de la pobreza se señalan de nuevo las características de la pobreza. Se dice que los pobres son pobres porque son analfabetas, porque están desnutridos, porque no tienen ingresos. Aunque en realidad todo eso no es más que la consecuencia de ser pobre. Las instituciones financieras internacionales proponen políticas para los pobres. Ayuda en alimentos, comprada a las corporaciones que no saben qué hacer con sus excedentes alimentarios. Los gobiernos montan programas para entregar un vaso de leche y una galleta para los más pobres. Pero resulta que los pobres producen gran parte de la riqueza generada por el mundo entero. En Nicaragua, los productores de maíz y frijol son pobres. Los criadores de ganado vacuno y gallinas son pobres, los productores de huevos son pobres. Los transportistas son pobres. Las cooperativas de crédito y los pequeños comerciantes son pobres. Las mujeres que cuidan a los niños y gracias a las cuales los niños sobreviven son pobres. Los productores de hortalizas son pobres. Los trabajadores de las zonas francas que enriquecen a las grandes corporaciones son pobres. Producen la riqueza, pero los grandes empresarios les drenan a través del mercado todos sus excedentes. Por qué entonces los estudiamos como pobres y no como productores. Si los estudiáramos como productores, las recomendaciones serían otras, las políticas propuestas para detener el empobrecimiento serían otras. Si estudiáramos por qué siguen siendo pobres, a pesar de que generan gran parte de la riqueza, otro gallo les cantaría. Serían considerados como sujetos de crecimiento y de desarrollo. ¿Qué pasaría si a los empresarios de los países empobrecidos los estudiáramos a partir de sus calamidades? Si habláramos de la cantidad de millones de empresas que quiebran todos los días. Si habláramos de los préstamos, las hipotecas, los embargos, las subastas, los rescates bancarios que el estado ofrece a los empresarios, las dobles contabilidades, los fraudes, el tráfico de influencia, la coima y la corrupción de la empresa privada nacional y de las grandes corporaciones internacionales, la contaminación del medio ambiente por los desechos de las empresas irresponsables, la sobreexplotación de los recursos humanos y naturales, la evasión de impuestos, etc. El resultado sería que nadie apostaría a la empresa privada como sujeto de desarrollo, no habría subsidio, no habría incentivos fiscales, ni préstamos con bajos intereses. Deberíamos, pues, cambiar las cosas. Estudiar a los pequeños productores como el gran potencial que tienen nuestros países, buscar cómo detener su empobrecimiento. Invertir en el mundo de los pequeños productores, en tecnología, educación, caminos, centros de salud, electricidad, etc, tal como se hace con los ricos empresarios. Estudiar quien produce más y más barato, quien contamina más el medio ambiente, quien está más cerca de las necesidades humanas y quien más cerca de los desastres humanos, quien paga más impuestos y quien cuida más a los niños de todo el planeta. Incorporar a las cuentas nacionales lo que producen esos pequeños productores que nosotros conocemos como pobres y para quienes el Banco Mundial recomienda el vaso de leche y la galleta. Si hiciéramos eso, las cosas comenzarían a ser diferentes. Lamentablemente, catalogarlos y tratarlos como pobres se ha convertido un negocio más para las empresas transnacionales que venden sus excedentes a sus gobiernos para enviarlos al tercer mundo como ayuda a los pobres. Igual negocio significa para las consultoras internacionales seguir realizando indefinidamente estudios sobre la pobreza. Orlando Núñez Soto Director del CIPRES.


Temáticas:
Desarrollo humano con equidad,

Tambien puede interesarle

La táctica de las plantas aromáticas en el huerto


05.25.18 / LEER MÁS >>

Orientación laboral: ¿Todavía no sabe qué estudiar?


05.22.18 / LEER MÁS >>

Día Mundial del Reciclaje


05.17.18 / LEER MÁS >>