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¿Cómo “probar” la eficacia de las prácticas agroecológicas?

10.05.16 / Mercedes Campos-SIMAS

Foto cortesía

Inicio esta reflexión con el enunciado que aparece en la convocatoria del tema que nos ocupa: “El paradigma agrícola dominante ve la maximización del rendimiento individual de cada cultivo como un indicador clave de la agricultura eficaz” (leisa 32-1, p. 35). En la actualidad la agricultura ecológica cuenta con un cuerpo de objetivos, resultados e indicadores que se aplican a la unidad productiva, entendida esta como un sistema multifuncional, y que además de producir e innovar como la agricultura convencional, conserva la biodiversidad y garantiza alimentos.

En cuanto a la generación de ingresos, se diferencia de la agricultura convencional por el enfoque de equidad y justicia. Asimismo, la eficacia de la agricultura ecológica se expresa por los aportes a la sostenibilidad social de las familias campesinas e indígenas que la practican. Por consiguiente, el volumen de la producción es solo un aspecto entre muchos otros.

A pesar de todo lo anterior existe la necesidad de “probar” la eficacia del modelo agroecológico. Se afirma, en tal sentido, que faltan evidencias que demuestren su eficiencia y su eficacia, tal como sucede en la agricultura convencional que tiene en el rendimiento su indicador clave.

Poco se insiste en cambio en el gran vacío del modelo agrícola convencional en relación a los costos ambientales y, si bien existen empresas agrícolas grandes y medianas que adoptan la “responsabilidad social empresarial”, no sucede lo mismo en estas empresas con la responsabilidad ambiental, que implica reducir o resarcir su impacto negativo en el suelo, el agua, la flora y la fauna. Por ello creo que resulta pertinente abordar cada concepto con palabras sencillas y directas.

Rendimiento

Considerado como una de las principales victorias de la agricultura convencional después de la Revolución Verde, es definido en economía agrícola como una relación en la que se divide el volumen de producción de un rubro entre la superficie sembrada. La unidad de medida más utilizada es la tonelada por hectárea. En Nicaragua se expresa en quintales por manzana, relación que se calcula para una cosecha. Este concepto, en apariencia universal, es de hecho un concepto reduccionista, pues se refiere solo a la agricultura convencional en el sistema de monocultivo. En el caso de la agroecología cabe preguntarse ¿cómo se estima el rendimiento?

Y sobre todo, ¿qué significado tiene la comparación del rendimiento de un producto cultivado en una manzana de manejo agroecológico, con el rendimiento del mismo rubro en una manzana del sistema de plantación, si no se toman en cuenta todos los otros productos y beneficios que se obtienen en la misma manzana agroecológica? En la manzana del modelo agroecológico, además del rubro objeto de la comparación, se pueden encontrar también –solo en árboles– especies frutales, maderables, energéticas, forrajeras y de sombra, así como distintas variedades de frijoles abono, hortalizas, tubérculos y musáceas.

Se trata de cultivos que producen en distintos momentos del año, mientras que las especies forestales requieren varios años en su desarrollo. Entonces habrá que preguntarse también si el rendimiento es un indicador para ambos modelos, y la respuesta es: no. En todo caso se puede estimar el rendimiento de la agricultura agroecológica con un muestreo, utilizando el mismo esquema que en el recuento de plagas en base a una muestra de estaciones, aunque se trataría más de un procedimiento para determinar el volumen de producción de las plantas y no el rendimiento de la producción por área.

Texto compelto publicado en la Revista de agroecología Leisa


Temáticas:
Desarrollo humano con equidad,
Conservación de los recursos naturales,
Desarrollo de servicios de información,

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