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¿Adónde nos lleva la Bioseguridad?

12.13.05 / None

Foto © GRAIN

Tomado de GRAIN* En estos tiempos de Leyes Monsanto, la esperanza de una bioseguridad real está en las organizaciones populares. Cuando el 29 de enero de 2000 se firmó y dio origen al Protocolo de Cartagena, fue aclamado ampliamente como una victoria de quienes querían poner freno a los transgénicos u organismos modificados genéticamente (OMG). El Protocolo tenía limitaciones y lagunas por llenar, pero en general había acuerdo en que suponía que el trabajo futuro en materia de bioseguridad estaba bien encaminado –incorporando el principio de precaución, reconociendo la importancia de consideraciones socioeconómicas y consultas públicas y dejando la puerta abierta para que los países instrumentaran reglamentaciones más estrictas que el mínimo establecido en el Protocolo. Nada espectacular, pero por lo menos un piso mínimo a partir del cual construir. Cinco años después, gran parte de este proceso multilateral está obstaculizado. La última ronda de negociaciones se frustró por apenas un par de países que actuaron en nombre de la industria de la ingeniería genética y todos los indicios señalan que este tipo de táctica se está intensificando. Por lo tanto, las posibilidades de avances futuros en las negociaciones son restringidas. Pero lo que es mucho peor, a nuestro juicio, es que el Protocolo no está generando la legislación anticipada efectiva a escala nacional. Vemos que en país tras país se instalan leyes y políticas que facilitan el ingreso de cultivos transgénicos, aún cuando los gobiernos proclaman su preocupación por la bioseguridad y su adhesión al Protocolo. Los pueblos latinoamericanos llaman a estas leyes, las “Leyes Monsanto”. El punto de partida de GRAIN y de nuestros compañeros en todo el mundo es que los cultivos transgénicos son completamente incompatibles con los principios de la soberanía alimentaria [1]. Los cultivos transgénicos son creaciones patentadas de una industria de alta tecnología, que no pueden integrarse a los sistemas agrícolas de base local y dirigidos por los agricultores, sin perjudicarlos. En efecto, los cultivos transgénicos son una amenaza decisiva para esos sistemas. Los cultivos transgénicos plantean riesgos inherentes -riesgos a la salud, riesgos ambientales, riesgos socioeconómicos y riesgos culturales. No hemos visto un solo cultivo transgénico en el mercado o en trámite de investigación, que justificara tales riesgos, en especial para países pobres con grandes poblaciones agrícolas. En este contexto, un régimen de bioseguridad verdaderamente efectivo mantendría alejados a los cultivos transgénicos. No es posible tener las dos cosas a la vez: si entran los cultivos transgénicos, entonces la bioseguridad queda fuera. El problema es que los gobiernos –crecientemente presionados por el agresivo grupo de interés de la industria de la ingeniería genética– cada vez más a menudo hacen lo contrario: utilizar la legislación en materia de bioseguridad para santificar el ingreso de los cultivos transgénicos. *- GRAIN, es una organización no gubernamental (ONG) que promueve el manejo y uso sustentable de la biodiversidad agrícola basado en el control de la gente sobre los recursos genéticos y el conocimiento tradicional. Leer articulo completo: http://www.grain.org/articles/?id=10


Temáticas:
Soberanía y seguridad alimentaria,

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