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Propuestas para el desarrollo de capital humano

10.19.05 / None

Informe 2005: Rugidos y murmullos

Violeta Delgado, Isolda Espinoza, Milagros Barahona. Tomado del Informe Control Ciudadano 2005 Nicaragua es el segundo país más pobre de América Latina y el Caribe. Para superarlo, la sociedad civil organizada propone un enfoque de desarrollo del capital humano que revise el impacto de los programas de las instituciones financieras internacionales, incorpore la perspectiva de género y destine los fondos del alivio de la deuda al gasto social, la generación de empleo y la participación ciudadana. A 10 años de Copenhague y Beijing y a otros tantos de 2015, fecha límite para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), la Coordinadora Civil (CC) decidió dar al informe 2005 el carácter de “revisión de medio término” centrada en la pobreza y la equidad de género, con el fin de evaluar el cumplimiento de los compromisos asumidos por el gobierno en el ámbito internacional, analizar los resultados obtenidos en las condiciones de vida de la población y plantear las propuestas de la sociedad civil organizada. POBREZA Y EQUIDAD DE GÉNERO Nicaragua es el segundo país más pobre de América Latina y el Caribe. Según la línea de pobreza del Banco Mundial, en 2001, 42,6% de la población vivía con menos de USD 1 diario y 77,8% con menos de USD 2. Según la línea nacional de pobreza, tanto la pobreza extrema como la pobreza general disminuyeron entre 1993 y 2001, especialmente en el área rural. En 2001, 5,1% de la población total (6,2% urbana y 27,4% rural) vivía en condiciones de pobreza extrema.[1] No obstante, persiste la desigual distribución del consumo y del ingreso. En 2001, al 20% más pobre de la población correspondió solo 5,6% del consumo, mientras el 20% más rico concentró 49,2% y el 10% más pobre de los habitantes obtuvo únicamente 1% del ingreso; en cambio el 10% más rico acaparó 45%.[2] FEMINIZACIÓN DE LA POBREZA Si bien la jefatura femenina sobre el total de hogares indigentes disminuyó de 35% en 1993 a 34% en 2001 en el área urbana, aumentó entre los hogares pobres no indigentes. Los hogares con jefatura femenina continúan teniendo mayor peso[3] entre los indigentes en relación al total, y empezaron a tenerlo entre los hogares pobres no indigentes. La distribución de hogares encabezados por mujeres en los diferentes estratos de pobreza evidencia su concentración entre los hogares pobres indigentes y pobres no indigentes: 64% en 1993, 65,1% en 1998 y 60,9% en 2001.[4] Tras la separación de la pareja y ante la irresponsabilidad paterna, las jefas de hogar deben agregar a las tareas domésticas y el cuidado de la niñez el rol de proveedoras económicas. OTRAS DIMENSIONES: LA POBREZA DE TIEMPO Los enfoques de desarrollo centrados en las personas ampliaron la conceptualización de la pobreza, considerando además del consumo privado, el acceso a los servicios básicos suministrados por el Estado, la posesión de bienes, la disponibilidad de tiempo, la dignidad y la autonomía.[5] El tiempo es una dimensión de especial importancia para entender las diferencias de género en la pobreza. En comparación con los hombres, las mujeres trabajan más horas, aunque gran parte de ese trabajo no es remunerado ni visible para el análisis económico tradicional. Aun en los hogares donde los recursos se comparten por igual, las cargas de trabajo suelen ser mayores para las mujeres. Las mujeres pobres que carecen de tiempo no pueden mejorar su situación trabajando más horas. El tiempo diario que en promedio dedican las mujeres al trabajo reproductivo de la vida cotidiana es casi el doble del destinado por los hombres. Para las mujeres pobres y residentes en el área rural, este tiempo equivale a más de media jornada. PARTICIPACIÓN ECONÓMICA Si se consideran las altas tasas de participación en el trabajo reproductivo y el tiempo promedio dedicado al mismo, las tasas de participación económica de las mujeres son elevadas. Entre 1950 y 2001, la tasa de participación económica de las mujeres pasó de 13% a 40% y la población económicamente activa femenina aumentó de 13,6% a 35,7%. La brecha en las tasas de actividad económica por sexo es menor entre la población no pobre que entre la pobre. Las menores tasas de actividad económica de las mujeres pobres, urbanas y rurales, confirman que la carga del trabajo reproductivo es un obstáculo a su incorporación al mercado de trabajo, particularmente para las residentes en las áreas rurales. La magnitud de la pobreza disminuye en los hogares biparentales donde las cónyuges aportan dinero. Las mujeres podrían contribuir en mayor medida a los ingresos del hogar si por un lado contaran con servicios básicos que aliviaran su carga de trabajo reproductivo y por otro tuvieran iguales oportunidades que los hombres en el acceso a empleos de calidad. Bajar documento completo. Mas informacion http://www.socialwatch.org/es/portada.htm


Temáticas:
Conservación de los recursos naturales,

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